Gracias a mi familia, porque en sus errores he aprendido mis
aciertos, los orígenes más remotos de mis ancestros de donde yo provengo, y soy
voz fehaciente de que no existe la casualidad, porque en nuestras diferencias
está mi identidad pero en nuestras igualdades encuentro la palabra hogar.
Gracias a mi familia, porque los he renegado un millón de
veces, pero ellos me aceptan de vuelta como si nada hubiera pasado, como si
antes de hablar entendieran por todo lo que he pasado. El mundo puede venirse
abajo, pero ellos están ahí de pie frente a mí, como una respuesta silenciosa a
lo que necesito.
Gracias a mi familia, porque han formado mis primeros
recuerdos, lo que veo y lo que no veo, me protegieron en los años que no pude
hacerlo, y me mostraron cómo hacerlo solo para seguir adelante sin la ayuda de
ellos, que es mucha siempre, a pesar de ello.
Gracias a mi familia por sus códigos, he mejorado a partir
de sus puertas cerradas y sus ventanas abiertas, hay amigos ahí dentro, nunca
temo, nunca estoy solo, no hay necesidad de personas extrañas, sustitutas, que
no están invitadas. Gracias a esto, elijo gente realmente valiosa que me ama y
me respeta, y sólo así se abren puertas.
Yo soy quien debía ser, estoy donde debo estar, haré lo que
en el momento mis decisiones me permitan entender lo que es mejor para mí. Vivo con la gente correcta, en el espacio
adecuado, de la mejor manera, ya que a pesar de los inconvenientes que crecer
implica, yo me veo en los ojos de mi familia, mi familia se refleja en mis
ojos y no existimos uno sin otro. Sin la familia seríamos seres desvinculados de
un simple núcleo, células errantes sin rumbo fijo.
Gracias a mi familia, porque
así somos un sistema vivo, un todo perfecto que funciona.
